En el Zoológico de Chapultepec hay un gato que claramente no recibió el memo sobre instinto de supervivencia, porque lleva meses metiéndose al territorio de un tigre de Bengala.
El pequeño intruso, de apenas cuatro kilos, entra como si nada al recinto del enorme felino de 300 kilos y se sirve directo del plato.
Las cámaras lo han grabado varias veces a la semana llegando en el momento exacto en que el tigre decide dormir.
Mientras uno descansa, el otro cena. Así de simple.
Los cuidadores ya intentaron de todo: cerrar huecos, poner trampas y hasta cambiar horarios, pero el gato parece ir siempre un paso adelante.
La primera vez que el tigre lo vio, dicen que se quedó confundido, como si no entendiera el nivel de descaro.
Hoy, el tigre ya ni se inmuta y el gato sigue ganando esta absurda pero divertida batalla.

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