La ciudad prehispánica de Teotihuacán es uno de los sitios arqueológicos más importantes de América Latina. Construida entre los siglos I y VII, su valor histórico y cultural la convierte en un símbolo nacional.
Este peso histórico es precisamente lo que limita cualquier modificación. Las pirámides del Sol y la Luna, así como la Calzada de los Muertos, forman parte de un conjunto arquitectónico que debe mantenerse intacto.
La protección otorgada por la UNESCO no solo reconoce su importancia, sino que obliga a su conservación bajo criterios internacionales.
Ante ello, expertos plantean que la solución no está en modificar las estructuras, sino en desarrollar alternativas que respeten el sitio y amplíen el acceso a través de tecnología o infraestructura periférica.

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